El ejemplo es fundamental. Es mucho más fácil enseñar si las actuaciones de los padres son correctas y consecuentes con lo que desean inculcar. De esa manera tienen mayor credibilidad.
Inculcar el protocolo y los buenos modales en los niños es una inversión invaluable en su desarrollo personal y social. Los modales adecuados no solo les ayudan a relacionarse mejor con los demás, sino que también les brindan las herramientas necesarias para enfrentar diversas situaciones con confianza y respeto. Además, el protocolo enseña a los niños a ser considerados y empáticos, cualidades esenciales en la sociedad.