Avisa con antelación su ausencia, en caso de que se le presente algún motivo para no asistir al evento, para así darle la oportunidad al anfitrión de poder invitar a otra persona.
Obsequia al anfitrión o anfitriona un detalle la primera vez que se es invitado; llevar trufas, bombones o algún licor el mismo día o al siguiente, siempre será una opción conveniente.
Debe comer de forma educada, utilizando correctamente los cubiertos y evitando caer en excesos, por muy exquisita que esté la comida ofrecida.
Modera su consumo de bebidas alcohólicas, para evitar caer en un estado de excesivo furor que pueda poner en ridículo al mismo o a otras personas que le acompañen.
Expresa su satisfacción por la velada, felicita a la cocinera por la exquisita comida, etc., pero cuidando exageraciones y excesos en sus halagos. Serían totalmente contraproducentes.
Un buen invitado nunca:
Llega demasiado temprano o muy tarde; ya que, en el primer caso, es posible que pueda encontrar a los anfitriones sin arreglar, y en el segundo, retrasará la velada, ocasionando molestias a los demás invitados. La demora solo se puede exceptuar cuando existe una justificación válida.
Lleva una botella de vino a la celebración, ya que esto generará en los anfitriones la obligación de abrirla, y tal vez no haga armonía con el menú ofrecido. También es de poco gusto llevar algo de comer, ya que simularía una desconfianza hacia las capacidades del anfitrión o anfitriona.
Usa su teléfono móvil mientras comparte con los anfitriones o demás invitados, debe ser discreto con el uso del mismo y formar parte del momento a cabalidad.
Gesticula o señala a otra persona con un cubierto, es una acción de mal gusto.