Un emprendimiento nos acerca a una dimensión mucho más intensa de la vida, es como convivir con una persona más, en general con mucha personalidad. Cuando le va bien, le puede ir muy bien, cuando le va mal le puede ir pésimo. Y en ese camino, nos acompaña todo nuestro círculo: pareja, amigos, familia.
Nos acompañan como testigos, pero es importante que tengamos siempre claro que no conocen el proyecto con la intimidad con la que lo conocemos nosotros: no ven todo lo que pasa.
Cuando el proyecto toma cierta escala nuestro círculo puede sobreexpresar emociones: preocuparse o entusiasmarse de más. Pueden tener miedo, preocuparse por nuestra fama o nuestra reputación, temen que cambiemos o que nos alejemos. O pueden desconfiar de nosotros. O pueden asignar obligaciones en relación a ellos por nuestro éxito y crecimiento.
No todo es alegría en el éxito, y como siempre la mejor manera de administrarlo es comunicarlo. Ser claro con nuestro círculos es una gran forma de evitar confusiones. Y para ser claros en nuestra comunicación será fundamental que nosotros lo entendamos. Que sepamos que no somos campeones cuando nos va bien, ni somos un fracaso cuando nos va mal.