Los emprendimientos nos permiten plantearnos futuros mejores en muchos sentidos. Nos permiten plantearnos cómo vamos a ser útiles a otros, qué impacto vamos a tener, qué prestigio buscamos y qué objetivos económicos queremos cumplir.
Algunos de estas dimensiones no las controlamos y no es bueno ponerse objetivos. El prestigio, por ejemplo, es algo que nos dan los otros, por eso no tiene sentido intentar conseguirlo. Lo mejor es ser nosotros mismos e intentar que eso nos traiga prestigio.
Los objetivos económicos, en cambio, son valiosos para hacer crecer un proyecto. En esta línea el primer objetivo tiene que ser el de autonomía del proyecto. Entender cómo hacemos para que el proyecto sea sustentable. Es probable que el camino hasta este objetivo sea el más árduo: en el que más trabajemos, en el que tengamos que hacer más concesiones.
Ahora bien, no tiene que detenerse ahí. Es bueno ponerse un segundo objetivo que sea llegar a la mayor cantidad de gente posible. Es pensar en crecer, no en hacernos infinitamente ricos, sino llegar con nuestro valor a mucha más gente.
Pensemos en el ejemplo de Elon Musk. Él dijo “no busco que Tesla tenga mayor rentabilidad, sino que le llegue a mucha gente”. Para él, el foco estaba en hacer un cambio a una movilidad sustentable, y es por eso que a medida que pudieran irían abaratando los autos.