El punto de flow es un estado que se experimenta cuando logramos conectar con una actividad al punto en el que nos olvidamos del tiempo y de nosotros mismos. Es el punto de equilibrio entre la ansiedad que nos produce hacer cosas que nos resultan desafiantes o difíciles y el aburrimiento de las tareas mecánicas o repetitivas, que resolvemos sin problemas porque conocemos demasiado bien. El canal del flow es aquel en el que las habilidades que ganamos crecen al mismo ritmo que los desafíos que una tarea presenta. Si queremos alcanzar ese estado, la tarea en la que trabajamos debe ser lo suficientemente compleja para que nuestro cerebro se involucre por completo, pero no demasiado para evitar el estrés y la frustración.
Ese estado de concentración es valioso para nuestra salud mental y nuestros procesos creativos. Lograr ese estado es singular para cada personas porque depende de qué representa un desafío y las capacidades de cada uno. Las actividades que nos permiten entrar en flow son aquellas en las que terminamos con más energía que al principio, que nos revitalizan y nos conectan con el tiempo presente. Puede ser correr, cocinar, armar rompecabezas, ordenar, o cuestiones laborales concretas, como hacer un plano para un arquitecto. Sin embargo, no todas las actividades que son placenteras nos ayudan a entrar en flow. Navegar por redes sociales por horas, por ejemplo, no nos ayudará a conectar con el tiempo presente y sentirnos realizados. Es probable que terminemos una sesión de ese tipo sintiendo que hemos perdido el tiempo, que no hemos adquirido ninguna habilidad, e incluso que nos sintamos más cansados.
Lleva un registro de los momentos de la semana en los que lograste entrar en flow. Aunque podemos calendarizar algunas actividades para hacerlas de forma periódica (¡y es recomendable para que formen parte de nuestro cotidiano!), descubriremos que muchas veces las llevaremos adelante de forma aleatoria. Hacer un registro nos permitirá volvernos más conscientes de su valor y del impacto que tienen en nosotros.
Aunque se parecen por el foco que conseguimos, la diferencia entre cuando actuamos en estado de flow y cuando lo hacemos por una urgencia es que en el segundo caso el stress nos hace hacerlo rápido y por caminos conocidos. En el estado de flow, en cambio, uno avanza en un estado exploratorio. Observa la tarea y corrige, deja de haber una mirada ajena presente. En el estado de flow lo único que nos importa es lo que estamos haciendo, sin importar cómo nos vemos o qué pensaran los demás. Es por eso que es tan energizante.
Aunque estamos más familiarizados con actuar por el stress, es importante destrabar ese mecanismo, y acercarnos a hacer desde el flow, porque nos permitirá descubrir nuevas formas de hacer nuestra tarea.