Cuando arrancamos un proyecto nuevo, solemos poner el foco en el producto, en la idea, en cómo vender, en cómo financiar. Y está bien. Pero hay una parte del emprendimiento que a veces se subestima —o se posterga indefinidamente— y que termina siendo crucial: las personas. Las personas con las que vas a trabajar, las que te van a acompañar, las que van a sostener el proyecto con vos.
De ahí surge esta frase, adaptada de un clásico de las ventas: si los vendedores viven bajo el lema “Always be selling”, los emprendedores deberíamos vivir bajo el lema “Always be hiring”. Siempre estar contratando. O mejor dicho: siempre estar pensando en las personas que podrían formar parte de tu proyecto, aunque todavía no sea el momento, aunque no tengas un peso, aunque ni siquiera tengas del todo claro cuál sería su rol.
Y esto no significa contratar formalmente, ni armar una oficina ni pagar un sueldo. Significa mirar alrededor con intención. Empezar a registrar quién tiene habilidades que podrían complementar las tuyas. Quién tiene el carácter, la energía, la sensibilidad, la curiosidad, para sumarse a algo que todavía está tomando forma.
Puede ser un excompañero de trabajo, un profesor, un familiar, un hijo de un amigo, un conocido que viste una sola vez y con el que sentiste una conexión. Lo que importa no es su currículum: es la reacción que ves cuando le contás lo que estás haciendo. ¿Hay entusiasmo? ¿Se le iluminan los ojos? ¿Se interesa de verdad? ¿Hace preguntas? ¿Te sugiere cosas? ¿Quiere que eso que estás armando exista en el mundo?
Esa reacción es clave. Porque vas a necesitar más que habilidades técnicas. Vas a necesitar compromiso, creatividad, adaptación, ganas de construir algo que todavía no existe. Y eso es difícil de encontrar. Por eso, cuando aparece, no hay que dejarlo pasar. Aunque todavía no sepas cómo vas a pagarle. Aunque aún no tengas tareas claras para ofrecerle. Empezá la conversación igual.
Lo importante es ir sembrando. Ir registrando. Ir armando en tu cabeza —o en una nota en el celular— una especie de “banco de talento emocional”, de gente con la que te gustaría trabajar, hoy o dentro de cinco años. Porque si tu proyecto es bueno, va a durar más que vos. Y en algún momento, vas a tener que rodearte de personas que lo entiendan, lo sostengan y lo hagan crecer.
Además, el mundo laboral cambió. Hoy existen mil formas de colaborar: a distancia, part-time, freelance, por horas, por proyecto, los fines de semana, en distintos husos horarios. No hace falta encajar a alguien en un molde corporativo para que pueda ser parte. A veces, una conversación casual se transforma en una alianza. A veces, alguien que al principio parecía “sobrecalificado” o “fuera de lugar” termina siendo clave en un área que ni siquiera habías pensado.
Por eso, mirá a las personas enteras, no solo por sus títulos o experiencia. Mirá cómo piensan, cómo hablan, cómo resuelven problemas. Prestá atención a su sentido del humor, a su ética, a su capacidad de adaptarse. Porque no sabés hacia dónde va a crecer tu proyecto, ni qué vas a necesitar el año que viene. Y cuando llegue ese momento, vas a estar mucho más preparado si ya tenés en mente con quién te gustaría contar.
No se trata de llenar sillas. Se trata de armar vínculos que puedan sostener algo valioso. Gente que, cuando el proyecto se tambalee —porque se va a tambalear—, no desaparezca. Que se quede. Que le importe. Que quiera verlo florecer.
Así que recordá: aunque estés solo, aunque no tengas capital, aunque no tengas certezas, always be hiring. Siempre estate prestando atención. Siempre estate construyendo equipo. Aunque sea en tu cabeza. Porque los proyectos que valen la pena no se construyen en soledad. Se construyen con otros. Y cuanto antes empieces a ver quiénes podrían ser esos otros, mejor.