Emprender después de los cuarenta tiene más ventajas que desventajas, pero veamos con atención cada punto.
Ventajas:
Experiencia y autoconocimiento: Nos conocernos mejor a nosotros mismos. Ya sabemos qué cosas hacemos bien y cuáles no tanto, sabemos en qué lugares estamos más cómodos y en cuáles nos sentimos más tímidos.
Expectativas adecuadas a la realidad: Cuando uno es más jóven suele tener expectativas de éxito inmediato muy irreales, que pueden ser frustrantes y atentar contra el producto.
Resiliencia: A lo largo de nuestra vida hemos aprendido que las cosas no siempre salen como queremos, hemos convivido con la frustración y hemos aprendido a manejarla. También
Redes de relaciones: Tenemos redes más grandes y profundas, tanto personales como profesionales. También hemos aprendido que una y la otra se mezclan, y ya sabemos como lidiar con eso, y tenemos la templanza para dedicar el tiempo y los recursos que cada relación requiere.
Desventajas:
Menos foco: A medida que somos más grandes tenemos más obligaciones, por lo que nos es más difícil tener foco. En la adultez cargamos con más responsabilidades, lo que hace que sea más difícil poner el 100% del foco a una actividad.
Menos intimidad con la novedad: Por lo que nombrábamos en el punto anterior, es probable que no estemos al tanto de las últimas tecnologías, tendencias o modas, que no tengamos esa intimidad con esa sensibilidad del presente.
Menos Flexibilidad: Después de los cuarenta, no tenemos la misma flexibilidad para vivir en otros lugares, separarnos de nuestra familia u ocuparnos de otros negocios.
Sin embargo, lo interesante de emprender después de los cuarenta, es que todas estas desventajas son salvables con tiempo, experiencia o conocimiento de otros. Teniendo empleados que que puedan cumplir esas falencias nuestras, o “embajadores” que nos puedan contar sobre esos temas con los que ya no tenemos tanta intimidad. Por lo que las desventajas no son limitantes a la hora de animarnos a emprender.