¿Cuándo queremos que tenga impacto? Ahora, en breve o en unos años? Este es un planteo que normalmente no hacemos, pero es fundamental tenerlo en claro para organizar nuestro proceso.
Si emprendemos en un negocio conocido, es razonable que esperemos que el impacto sea en un corto plazo. En cambio, si pensamos innovar en alguno de los pasos del proceso (por ejemplo, en lugar de poner un local de flores, queremos hacer una suscripción de flores online) puede llevar más tiempo. Esto no significa que nuestra tesis sea equivocada, sino que va a requerir más tiempo para que nuestra audiencia nos conozca y confíe. Las posibilidades de éxito son más grandes, pero también será más incierto.
También tenemos una tercera opción, en la que estamos buscando crear un mundo nuevo, por ejemplo un tipo de flor que no se mantiene fresca dos meses enteros. En ese caso, las incertidumbres serán mayores y tanto proveedores como inversores y posibles clientes van a tardar mucho más en confiar en nuestra visión. Este tipo de proyecto requiere inversores y que no estemos necesitando que funcione desde el principio para mantenerme. Cuando más incertidumbre y más adelante en el tiempo esté el horizonte de impacto, más apoyo institucional voy a necesitar, pero más impacto puedo esperar tener. El premio, si se llega a concretar, puede ser infinitamente mayor.