
Al igual que los hoteles, los restaurantes también son clasificados según numerosas variables (instalaciones, mobiliario, servicio de atención al público, calidad y cantidad de platos que ofrecen) en diferentes categorías: restaurantes de lujo (cinco tenedores), restaurantes de primera (cuatro tenedores), restaurantes de segunda (tres tenedores), restaurantes de tercera (dos tenedores) y restaurantes más modestos (un tenedor). Esta categoría no es la más utilizada a nivel mundial, pero puede servirnos para hacer una primera aproximación a las escalas de calidad de los establecimientos.
Una clasificación muy habitual dentro de este rubro es la de la guía Michelin.
Esta guía fue fundada en 1889 y se trataba de un guía de carretera, se distribuía de forma gratuita y contenía información útil para los conductores como mapas, direcciones y consejos sobre dónde encontrar gasolinerías, hoteles y restaurantes.
En 1926 incorporaron el sistema de clasificación por estrellas que sigue utilizándose al día de hoy: una estrella significaba vale la pena detenerse en este lugar, dos estrellas vale la pena desviarse para ir y tres estrellas significa vale la pena ir específicamente.
Al día de hoy, la clasificación de estrellas Michelin es una de las más importantes del mundo, son un símbolo de prestigio y reconocimiento en el mundo culinario, y es habitual que influyan en la reputación y el éxito de un establecimiento. El sistema se basa en inspecciones anónimas realizadas por expertos, que evalúan los restaurantes en función de: la calidad de los ingredientes, armonía de los sabores, dominio de la técnica, la personalidad del chef plasmada a través de su cocina y, algo no menos importante, la regularidad a lo largo del tiempo y de la propuesta en su conjunto.
Esta clasificación se hace tomando como base el tipo de comida que sirven además de su metodología de servicio.