
Si bien cada término tiene sus características distintivas, en la actualidad se llama bartender a cualquier persona que trabaja detrás de una barra. Lo más importante, más allá de las particularidades de cada rol, es que sean grandes anfitriones de sus clientes y buenos representantes del establecimiento gastronómico en el que trabajan.
A grandes rasgos, bartenders, barmans y mixólogos deben saber cómo saber preparar tragos, brindar una buena atención al público (directa o indirectamente), organizar su barra, hacer stock y cobrar si tuvieran que hacerlo. Las diferencias específicas entre estos tres roles quedan relegadas a los ambientes más ortodoxos. Sin embargo, vale la pena conocerlas. A continuación, se detallan los roles y sus respectivas diferencias (en todos los casos, los profesionales pueden ser tanto hombres como mujeres):
El bartender es el profesional integral que se encuentra detrás de una barra de un establecimiento gastronómico (bar, cantina, restaurante o cualquier otro tipo de local). Además de tener una formación teórica y práctica acerca de las diferentes bebidas y cócteles (con y sin alcohol) que existen, el bartender sabe cómo brindarle un buen servicio a los clientes y trabajar de manera organizada bajo presión. Dependiendo del establecimiento, puede que también sea el responsable de recibir los pagos de las bebidas y, en ocasiones, puede ofrecer un pequeño espectáculo con las herramientas propias de su labor (coctelera, cuchara de cóctel, etc.).
El barman, como concepto, fue el primero en aparecer. Surge en la época en la que todavía existían los cantineros y en la que las mujeres tenían prohibido el acceso a las cantinas. Su principal diferencia con el bartender es la complejidad de los tragos que prepara: el barman suele preparar tragos más sencillos, con menor grado de elaboración.
El mixólogo, por su parte, se caracteriza por ser “un químico de la barra”. Es quien se especializa en el diseño de tragos nuevos, generalmente complejos. Un bartender también puede ser mixólogo.
Una vez más, es importante destacar que, más allá de saber preparar tragos deliciosos, el verdadero valor de un buen profesional detrás de la barra es el de ser un gran anfitrión. Nunca se debe perder de vista al cliente y la importancia de la conexión humana.